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Los 2 Bandos

Actualizado: 27 feb 2022

Para mí, el poder escribir sobre este tema para la primera edición de Entre Notas es algo necesario, este magnifico proyecto de colaboración entre la revista Enfoques y La Orquesta de Cámara Para sorpresa de algunos, es un tema azaroso y hasta cierto punto generador de una apetecible polémica; el poder revisar con lujo detalle algunos de los números relacionados al vasto mundo de la música clásica no es cosa fácil, estos mismos nos muestran en la manera más absoluta como su relevancia cultural se ha transformado significativamente en los últimos años. De entrada, vamos definiendo ciertos conceptos; el termino “música clásica” es usualmente atribuido a un género musical, pero en realidad es un termino con un fondo más amplio del que aparenta. Este actúa como una especie de universo donde pueden existir varios géneros, como la música sinfónica, la música de cámara o la música vocal, así mismo, dentro de este universo puede existir música de diferentes periodos históricos, como la música del barroco, la música del romanticismo o la música moderna. Esto quiere decir que en el universo de la música clásica uno podría escuchar una obra de cámara del periodo romántico (1820-1870) o una obra vocal del periodo barroco (1600-1750), es importante mencionar que tan solo las épocas mencionadas representan más de 400 años de historia musical que ha pasado por decenas de generaciones en Europa, las Américas y eventualmente el mundo entero. Ahora bien, el tema que nos trae aquí el día de hoy no es la relevancia que esta música ha tenido en los últimos cuatro siglos (la cual ha variado dependiendo del momento histórico) sino, ¿Cual es su lugar en la actualidad? dentro de este disruptivo y transformador siglo 21, bueno; la respuesta rápida sería: depende. Vamos a los números, la ultima publicación de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI) sobre los hábitos de consumo musical alrededor del mundo nos mostró una amplia radiografía de donde y cómo se escucha la música alrededor del mundo; la publicación arrojó los siguientes datos:

  • El 89% de los consumidores escucha música a través de alguna plataforma de streaming (Spotify, Apple Music, Tidal)

  • El rango de edad predilecto para consumo de música a través de streaming es 16 a 24 años con 83% y el menor 55 a 64 años con 44%.

  • El 54% se considera amante de la música y de los países que mas pasión sientes por ella están: Sudáfrica 75%, E.U.A. 62%, Canadá 59%, Alemania 59%, El Reino Unido 57% y México con un 62% de su población considerándose amante de la música.

En relación a los estilos musicales mas escuchados el reporte arrojo lo siguiente, “El Top 10 de este año pinta una imagen diversa de la escucha de música, con géneros locales que funcionan bien en numerosos países”: 1. Pop 2. Rock 3. Retro 4. Hip-Hop/Rap 5. Dance/Electrónica 6. Indie/Alternativa 7. K-pop 8. Metal 9. R&B 10. Música clásica Si observamos estos datos desde la superficie el panorama pinta optimista, ya que aunque la música clásica (catalogada como genero) está en último lugar de este top, esta por encima de muchos otros géneros como el jazz o la música latina. El problema con este aparente buen resultado es que si no ponemos mucha atención a los datos más específicos sobre que música es la que se consume nos podemos ir con la finta. Según la base de datos que llega a ser producida y consumida anualmente es bastante menor en comparación a la constante interpretación y grabación del repertorio estándar por parte de disqueras y las grandes casas de música. Este repertorio usualmente se limita al trabajo de un limitado grupo de compositores correspondientes a finales del siglo 17 y principios del 20, la música que no cumple con estos bachtracks la cantidad de nueva música clásica requisitos raramente entra en esta exclusiva lista. Pero, ¿Cual es la razón para que esto ocurra? ¿Por que existe un vasto mar de creación musical tanto antigua como contemporánea prácticamente inexplorado por el gran mercado de la música clásica grabada? Bueno, la razón es una desafortunada combinación de circunstancias. A principios del siglo pasado gracias a la visionaria invención de Tómas Alva Edison se creó la forma definitiva en la que la música podría llegar por fin a todos los rincones del planeta el Fonógrafo. La música en esa época vivía un periodo de profunda transformación, compositores como Arnold Schönberg y eventualmente Anton Webern transformaron radicalmente las formas en las que la música se podía crear y con ello abrieron la puerta a la vanguardia, misma que con la cada vez Frédéric Chopin, Giacomo Rossini o Ludwig van Beethoven era más profunda academización de la profesión sirvieron como guías para las futuras generaciones de músicos durante el resto del siglo 20. Cuando la revolución del fonógrafo alcanzo su máximo apogeo alrededor del mundo la música que tenia la mejor recepción con el público eran las famosas composiciones de los siglos pasados, la música de compositores como sinónimo de teatros abarrotados y una gran popularidad entre la gente. Claramente, para la recién creada industria de la grabación musical era bastante más redituable y seguro comercializar los “hits” del momento que las distintas nuevas tendencias que existían en París o Viena.

Este importante parte aguas histórico no hizo más que acentuarse en las décadas posteriores y mientras la constante mejoría en la tecnología de grabación hacia posible escuchar música sinfónica en formato estéreo, la vanguardia musical era cada vez más osada, varios compositores comenzaron a explorar nuevas formas de notación musical y expresión tímbrica alejándose aún más de las convenciones tradicionales de la composición y la música occidental. Viena. Este Con esto, dentro del mundo de la música clásica surgieron 2 posturas muy distintas entre si que hasta cierto punto siguen vigentes el día de hoy. La primera corresponde al gran consumo, incluye a las principales disqueras y orquestas, esta es la que elige mantenerse en un terreno de cierta seguridad al estar constantemente interpretando y grabando la música de los compositores y periodos previamente mencionados omitiendo casi en su totalidad la nueva música. La segunda corresponde a los círculos universitarios y los compositores de la actualidad que como nunca antes en la historia cuentan con una total libertad de estilo, muchos de ellos se esfuerzan en poder crear una voz única que se aleje de toda convención, amparándose siempre en la no comercialización de su arte (por decisión propia). Es por esta razón que la amplia mayoría de esta música nunca experimenta una verdadera difusión en los medios de consumo actual y se queda dentro de los círculos académicos, completamente invisible para el gran publico. Esto nos deja con una situación ciertamente compleja, un bando trata al otro de inexistente y es en parte la razón por la cual la amplia mayoría de la nueva música es prácticamente irrelevante en el contexto cultural actual, como el compositor británico David Bruce menciona en su video-ensayo La insoportable irrelevancia de la música contemporánea: una respuesta a Samuel Andreyev. “Algo parece estar roto en el mundo de la música clásica, la conversación (con el público) ha muerto. Si uno navega por la sección de cultura de algún periódico famoso o inclusive un canal especializado en arte es como si no existiera.” Ahora bien, aunque esto parezca irreconciliable, poco a poco se comienza a observar un tercer camino que podría funcionar como una necesaria bocanada de aire fresco que la música clásica necesitará para el resto de nuestro siglo. En años recientes, diferentes corrientes de innovación en el mundo de la música clásica han comenzado tener excelentes resultados en la generación de nuevas audiencias, Deutsche Grammophon, una de las principales disqueras de música clásica en el mundo ha comenzado a integrar a su lista de artistas estrella a varios compositores jóvenes, mismos que comparten una característica especial entre si, componen música para cine. Hildur Guðnadóttir, Johann Johannson o Max Richter son algunos de los nombres que DG ha comenzado a producir y promocionar, cada uno de ellos cuenta con un estilo propio que fascina en distintas producciones. Es importante mencionar que estos compositores han colaborado con su música en aclamadas y populares cintas como Guasón o La Llegada. El hecho de ser muy reconocidos en el inmenso medio del cine, mismo que está tan alejado tanto del ambiente estrictamente universitario como de los grandes compositores de la antigüedad es la oportunidad perfecta para por fin poder atraer nuevos oyentes que pertenecen a grupos demográficos usualmente no relacionados con la música clásica, jóvenes y no blancos.


La Filarmónica de los Ángeles, dirigida desde el año 2009 por Gustavo ha tenido un crecimiento espectacular durante la última década, en gran parte gracias a la innovadora visión de su ex manager titular Deborah Borda. Desde el reclutamiento de la estrella venezolana como director titular hasta las constantes colaboraciones con John Williams la L.A. preocupado por tener un crecimiento sostenido y orgánico con su audiencia local, logrando crear una legitima conexión entre los oyentes de la ciudad de Los Ángeles y su orquesta, apostando por la tecnología, la integración de minorías y por su puesto, la comisión de nueva música. Comisiones a compositores de grupos poco representados en la música de orquesta como las mujeres o las personas de color ha sido formidablemente aceptado por la audiencia, misma que desarrolla un aprecio autentico por la innovadora música de estos compositores, así como el aprecio que sienten por los grupos y artistas más escuchados del momento. Dudamel Phil se ha Estos son 2 ejemplos son tan solo algunas de las diferentes formas de integración e innovación que han ocurrido en el mundo de la música clásica en los últimos años. Los resultados son claramente positivos y es claro que muestran un camino a tomar para todos los que nos dedicamos a la música en esta época tan transformadora. Alejarse de estos dos desgastados extremos aún presentes en el medio nos dará la posibilidad de vivir una nueva época de oro para la producción y demanda de nueva música para la sala de concierto, la integración multidisciplinaria del cine, la realidad virtual y todos los nuevos medio de expresión que se irán develando en el siglo será necesaria para poder poner a toda la nueva música clásica fuera de las aulas universitarias y de vuelta con el gran publico que una vez tuvo.

 
 
 

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